¿De quién es esa loca idea de que para que los niños se porten mejor, hacerles sentir peor funciona?

Ante la mala conducta, falta de respeto o explosión de carácter de tu hij@ contra ti o su herman@ pequeñ@, ¿todo acostumbra a acabar mal?


Te diré algo.


Si eso te acostumbra a pasar, es que en tu cerebro tu central de alarmas, involuntaria e inconsciente ante el agotamiento, la preocupación y la impotencia se dispara y se deja llevar por sus instintos de supervivencia. Tu capacidad de calma, de reflexión y de decisión se cortocircuita y sólo funciona tu cerebro más primitivo; el reptiliano. Es decir, entras en piloto automático.




Y entonces sucede algo muy curioso. Aquel pequeño, dulce, tierno ser dependiente al que quieres con locura, se desvanece en tus narices sin que tu puedas hacer nada para evitarlo y adopta una imagen y forma bien distintas.


La forma que adopte dependerá de tu propia historia infantil y la de tu linaje (porque algo te refleja). Tu estallas sin querer porque el detonador y su nivel de sensibilidad ya te lo pusieron tus propios cuidadores hace muchos años. Tu no sabes porque ni cómo pero tu cuerpo sí lo sabe. Tu cuerpo siempre lo sabe. Guarda y registra toda la verdad como la caja negra de un avión.


Así pues, en ese instante a través de nuestro cerebro reptiliano nuestra criatura puede adoptar la forma de un monstruo terrorífico del que mejor huir o bloquearse y dejarse maltratar esperando que algún día cambie. O bien se nos aparece como un dragón encantador que súbitamente se puede enfurecer y al que es mejor controlar, calmar o apaciguar para que la cosa no se líe más. O también como un animal salvaje con el que podemos luchar y vencer siempre que su tamaño, edad y fiereza nos lo permita, claro.




Nuestra central de alarmas, si detecta que estamos agotados, sólo le importará huir, pero si no podemos huir, luchará con violencia para conseguir aniquilar esa parte de monstruo que no hace caso o nos falta al respeto.


Eso, la verdad, es que libera sustancias opiáceas que nos alivian y liberan nuestro malestar. Así, como lo oyes.


Si castigamos o manipulamos, es decir hacemos sentir algún malestar a nuestr@ hij@, es muy posible que en ese momento funcione para su conducta y nos alivie a nosotros momentáneamente.


Y te voy a decir algo muy importante; eso, aunque pienses que es lo único que funciona, es pan para hoy y hambre para mañana.


Hacerles sentir peor puede aniquilar la mala conducta momentáneamente e incluso aniquilarla del todo, pero en ese último caso te aseguro que el vínculo que establecerá contigo no va ser nunca sano ni le permitirá tener relaciones sanas con sus parejas, colegas, amigos o conocidos en un futuro. Su autoestima se verá muy tocada. Así que ya puedes ahorrar para encontrar una buena terapia para él o ella en su adolescencia y quizás más adelante.


Por eso esa loca idea de que hacerles sentir peor funciona, pertenece a nuestro cerebro reptiliano que para sobrevivir enlentece nuestro neocórtex y no nos deja pensar y actuar focalizados, en calma decidiendo lo mejor para todos en ese instante. Sólo le interesa huir o parar al monstruo como sea y aliviarte a ti. ¡No es maravilloso! ¡Te cuida a toda costa! Es una de las máquinas más perfectas y sofisticadas de la biología de los seres vivos.


En cuanto encontramos la calma y nuestra central de alarmas se apaga, entonces con suerte nos hacemos conscientes que no ha sido la mejor forma de gestionar el asunto o que al final no funciona, puesto que el problema no se reduce. Y aunque el niño crece, lejos de mejorar, alguna cosa siempre empeora más. Y una vocecita del neocórtex que ya está funcionando otra vez al 100% nos dice:

- “No lo estás haciendo bien. Tiene que haber otra manera”


Y entonces quizás os sentiréis culpables y odiareis esa parte reptiliana que no deja actuar con calma con vuestros hij@s.


Os aseguro que, ante la mala conducta, falta de respeto o explosión de carácter de tu hij@ TODO PUEDE ACABAR BIEN y tu parte reptiliana es perfecta.


La necesitas para sobrevivir y actuar en determinados momentos. Tu parte reptiliana en ese momento te evita tener un ataque de ansiedad, caer en una depresión, entrar en shock…así que agradece que te esté avisando que tu malestar aumenta y está siendo insostenible.


Sabe que no sabes qué hacer con esos momentos difíciles con tus hijos y ante lo insostenible, actúa y te busca una solución rápida, aunque no sea la mejor. Sólo pretende aliviar tu malestar y que no ocurra algo peor.


¿Te sientes culpable de acabar todos gritando y de mal humor?


Tus criaturas no necesitan tu culpa.


Necesitan que te hagas responsable y encuentres la manera.


Necesitan que reduzcas la sensibilidad de tu detonador y que además lo hagas de otra manera.

No esperes que cambien ellos. Cambia tú.


Tu parte reptiliana no los va a ayudar, sólo quiere salvarte, aunque eso signifique poner el detonador en tus hij@s como te lo colocaron a ti. Y debe estar agotada de hacerlo.

Créeme, estará encantada de que encuentres la manera y por fin pueda replegarse y descansar.


Así que mejor busca la manera de romper este atasco en el que estás metido. Y eso es más fácil de lo que parece.

Yo sé que tú quieres ser un buen padre o madre. Lo sé. Lo único que pasa es que siempre haces algo que no ayuda.

Y te diré algo:

Este mundo no está hecho para niñ@s que no sepan gestionar sus emociones y lleven detonador de serie.

Créeme, sólo necesitas la información adecuada para por fin reducir el conflicto, aumentar la tolerancia a la frustración y recuperar la armonía familiar dejando las preocupaciones por su futuro.

¿Te imaginas que todo fuera tranquilo por las mañanas? ¿Que se acabasen las peleas? ¿Que no estuvieras preocupad@ por su futuro?

Seria genial ¿no?

¿Te parece difícil?

Entonces déjame que te acompañe con mi MENTORING CRECER EN FAMILIA

Tus hij@s se lo merecen

Y tú, y los que fueron antes que tú, también puesto que así su historia y sacrificio no habrá sido en vano.




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